Hay casas en las que entras y, sin saber por qué, no terminas de dejar el bolso en el mismo sitio dos veces.
No es que esté mal decorada. No es que no sea bonita. No es que no tenga luz.
Es que no es tu casa.
Yo tardé años en entenderlo.
Años en pensar que el problema era que yo era demasiado inquieta, demasiado exigente, demasiado inconformista. Que si no estaba a gusto era porque siempre quería algo más.
Pero no.
La casa estaba bien. Lo que no estaba bien era yo dentro de ella.
Dicen que una casa es un hogar cuando te sientes en casa.
Yo he vivido trece años en un sitio donde me sentía como una invitada educada que no sabía dónde estaban los vasos. Una invitada que vivía entre restos de otras vidas pasadas (no, no eran fantasmas)
No hablo de emociones abstractas.Hablo de azulejos, muebles feos y camas pequeñas.
Te cuento. Lo mismo te parecerán chorradas, lo mismo no e incluso te identificas con alguna…lo mismo no soy la única que vive en una casa extraña.
“Mi baño”
Odio el color azul. Mi baño es azul.
Se lo dije el primer día. Se lo dije el segundo año.Se lo repetía cada vez que volvía después de irme.
“Aunque sea el suelo. Aunque sea algo pequeño. No me siento cómoda aquí.”
Su respuesta: ya lo iremos viendo.Traducción simultánea: no.
El baño siguió azul.
Yo seguí sintiéndome como una influencer invitada a un hotel que odia.
Pero empecemos por el principio…
Cuando lo conocí, ambos teníamos casa…solo que la mía es más “loft para uno” y la suya era más grande por lo que la propuesta fue vivir en la suya.
En el contexto de que había estado viviendo con su reciente ex allí yo propuse la fórmula de la coca-cola: tú alquilas, yo alquilo y con esa pasta nos sobra para irnos a una tercera casa donde podemos empezar una vida juntos. (Esto no se le había ocurrido antes a nadie!)
Claro que sí guapi…a quién se le podía ocurrir semejante atrocidad por Dios…
Excusas tenía todas: no es el momento que los alquileres son caros, no estoy estable en el trabajo, no sabe/no contesta…
Por un momento pensé: voy a explicarle que si los alquileres son caros y alquilamos dos casas caras podemos alquilar igualmente una tercera (matemáticas para dummies), pero bueno, visto que estás al principio, y que no quieres ser un grano el culo, aceptas pulpo como animal de compañía y te quedas.
No sin más sino proponiendo algunos cambios…que como habrás observado con el ejemplo del baño deben estar en la lista de “cosas a hacer mañana”
Y al empezar a convivir es donde empezaron a aparecer…
…Los fantasmas de sus ex
Cuando llegué, me encontré champús, pastillas, cartas y fotos de otras mujeres. Una especie de museo emocional no solicitado.
Le pedí que limpiara la casa antes de mudarme.
Llámame loca, pero yo si construyo un hogar necesito que sea mío también y no ir encontrándome cosas por la casa que al menos no deberían estar por medio. Yo no pido que las tire … ,pero no sé, ¿quitarlas de mi vista?
Me fui un fin de semana para que pudiera hacerlo sin presión (soy buena persona, no idiota… bueno, un poco…a este poco creo que le faltan unas comillas…).
Volví. Y seguí encontrando cartas dirigidas a otras mujeres con las mismas palabras que me decía a mí.
Una vez encontré una foto.
—¿Quién es?
—Una chica con la que me lié cuando pausamos la relación con mi ex.
—¿La puedes tirar?
—Sí, claro.
Meses después: la misma foto en otro cajón.
—Se me olvidó.
Claro. A todos se nos olvida tirar a las ex del cajón.
Es como las llaves. Pasa muchísimo.
He pasado años pidiendo pequeños cambios…y sigo esperando…
Como tirar la mesa horrenda a la que yo llamo el monumento a “te aguantas”. Hay una mesa vieja y fea, sin valor sentimental y tu pareja te pide si podemos regalarla, venderla, tirarla… ¿y tú qué haces?
Pues nada.
Sigue ahí. tapada con trastos. Como la metáfora perfecta de nuestra relación
Como la cama que yo quería un poco más grande porque me hace falta un poco más de espacio (y que cabe en la habitación dado que tiene el tamaño del campo del Valencia; sí, del nuevo).
Pero es que a él le gusta dormir pegado a mí…
Una vez, tras hacer terapia de pareja, y explicarle lo importante que era para mi sentir la casa como un hogar, la terapeuta me dijo que liderara yo el cambio y que él se sumara (jajajajajajajaja, perdón eh, es que me muero de risa de pensarlo)
Le hice una presentación (literal) con los cambios que yo haría en la casa. Planos, muebles, presupuesto sensato… he visto charlas TED menos preparadas.
¿Sabes lo que me contestó cuando se lo envié?…. Yo tampoco, porque ni siquiera hubo respuesta.
Recuerdo que en ese momento sentí mucha tristeza, era como explicar un proyecto de vida a una pared.
He tardado años en entender que la casa es el ejemplo que le podrías explicar a un niño de 5 años como metáfora de nuestra relación.
Yo proponía cambios…Él como mucho decía: “Haz lo que quieras” pero ni se implicaba ni colaboraba … .Solo le faltó pedirme que mantuviera un perfil bajo en este tema, para no molestar, ya sabes..
La casa nunca fue mía.
La relación tampoco.
Escribo esto mientras siento que vivo en un Airbnb con contrato indefinido…y el baño sigue azul.
Yo ya no.
La casa no es mala. Pero no es mi casa.Y cuando entiendes eso, ya no intentas arreglarla.
Empiezas, poco a poco, a imaginar la tuya.