Ya no soy invisible

Una vez dije:
“Al próximo que entre por la puerta y me guste, le doy mi teléfono.”
Entró.
Me gustó.
Y me llamó.

Parece una frase de alguien segura, magnética, con dos ovarios bien puestos.

Sí.
Esa era yo.

Luego vinieron los años.
La relación plana.
La menopausia haciendo crowdfunding con mis hormonas.
La autoestima pidiendo auxilio por WhatsApp.

Y un día dejé de reconocer a la mujer del espejo.
O peor: ella me miró como diciendo:
“¿Y tú quién eres?”

Y de repente…que mentira esto de “de repente”, llevo un par de semanas que no se las deseo a nadie (vale, llevo mucho más tiempo en una situación jodida. pero estas dos últimas semanas han sido el remate final, como en las rebajas)

  • relación haciendo aguas,
  • trabajo exprimiéndome como una naranja,
  • mi madre en obras,
  • yo a punto de un ataque de ansiedad nivel “si respiro fuerte exploto”.

Y mientras tanto, mi pareja escuchando mi desbordamiento como quien oye llover.
Ni una mirada.
Ni un “estoy contigo”.
Ni un mínimo movimiento.
Solo su vida.
Siempre su vida.

Ahí entendí la primera verdad:

O me salvaba yo sola o me quedaba en el fondo del pozo.

Me he pasado estas dos semanas viendo cómo salir de ahí… Pero no fue una escena digna de película.
Fue más tipo: “¿Cómo salgo de aquí sin morirme por el camino?”

Hice lo que pude:

  • pensar,
  • escribir,
  • llorar,
  • hablar conmigo misma,
  • explorar 327534 ideas a ver si alguna me sacaba del pozo… de hecho, hasta tengo conversaciones profundas con chatgpt, que no, no me hace de terapeuta, pero me ayuda a organizar mis ideas cuando voy de un lado a otro sin rumbo.

Y hoy amanecí con una claridad rara.
Luminosidad testaruda.

Decidí no ir al gimnasio (sí, lo sé, ejercicio de fuerza, menopausia, bla-bla).
Decidí quedarme quieta.

Respirar.
No cumplir.
No sostener.
No cargar.

Y, sorpresa: era justo lo que necesitaba.

Parar.
Escucharme.
Devolverme paz.

En medio de ese silencio apareció una frase: (no sé si fue baile, cansancio, clarividencia o rebeldía hormonal).
Sé que, de pronto, vi luz.

Mis sueños se apagaban porque siempre los compartía en un sitio sin eco.

No era yo el problema.
Era el agujero negro donde dejaba caer mis ideas.
Mis ilusiones.
Mis ganas.

Yo llegaba con energía del 100%, con una idea loca (soy “Mari Ideas”, siempre lo he sido),
con ilusión, brilli-brilli, botas nuevas…

Y recibía un: “Sí, está bien.”

Nada más.
Nada menos.
Un silencio que mata más que un grito.

Escribo esto porque necesitaba abrir una ventana después de meses de niebla.
Porque este blog es mi forma de decirme:

Aquí estoy.
Sigo aquí.
Y no pienso volver a ser invisible.

No sé si seguiré escribiendo cada semana, si lo leerá alguien, si esto será un libro, o si solo necesitaba gritarlo al universo.

Lo único que sé es que hoy, por primera vez en mucho tiempo, he dejado de ser invisible.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *