No estás loca. A veces el dolor llega a parecer insoportable. No eres la única. Y aunque ahora no lo creas, la ola también bajará.
Escribo esto a las seis y media de la tarde de un domingo.
Pero no de un domingo cualquiera.
De un domingo en el que, apenas unas horas antes, estaba convencida de que no podía soportar el dolor que sentía.
Y no lo escribo para dar pena. Lo escribo porque creo que es importante que alguien lo diga en voz alta.
Sí. Un duelo por una ruptura puede llegar a doler así.
Aunque la relación no fuera buena….Aunque supieras que tenías que irte….Aunque llevaras meses intentando salir.
Hace apenas unas horas pensaba que estaba completamente sola en el mundo. Que jamás iba a desprenderme de ese dolor. Que nunca volvería a sentir un poco de paz.
Y lo más desconcertante era esto: No entendía cómo podía encontrarme tan mal si acababa de salir de una relación que me hacía daño.
Mi cabeza lo sabía.
Mi corazón no.
Mientras estaba dentro de esa ola solo quería que el sufrimiento terminara. No veía salida. No veía futuro. No veía cómo podía seguir avanzando.
Tan triste como suena.
Y, sin embargo…Han pasado solo unas horas.
He comido algo, he llorado, he dormido un rato.Y, aunque sigo triste y estoy muy lejos de sentirme bien, ya no estoy en el mismo sitio.
No porque haya aparecido una solución mágica.
No porque el duelo haya terminado.
Simplemente porque la ola ha bajado.
Y eso me ha enseñado algo que no quiero olvidar nunca.
Las olas pasan.
No desaparecen para siempre.
Volverán.
Pero pasan.
Así que, si estás leyendo esto mientras sientes que no puedes más, quiero pedirte una sola cosa:
No tomes decisiones permanentes mientras la ola te está pasando por encima.
Come algo.
Llora si lo necesitas.
Duerme si el cuerpo te lo pide.
Pide un abrazo.
Habla con alguien.
Haz lo que tengas que hacer para llegar a la orilla.
Pero no decidas tu vida desde el pico del dolor.
Porque yo, unas horas después, me alegro profundamente de no haber hecho nada impulsivo.
Si hoy estás dentro de una ola, acuérdate de mí.
Y repite conmigo una frase que, desde hoy, llevaré siempre conmigo:
Las olas pasan.